Historia
Belmonte de Gracián es un municipio con alma histórica, situado en un enclave privilegiado de la comarca de Calatayud, al abrigo de un cerro escarpado que da forma a su perfil y personalidad. Su nombre parece remitir a ese “bello monte” sobre el que se asienta, un lugar donde paisaje, patrimonio y memoria se unen para ofrecer al visitante una experiencia auténtica. El municipio adoptó oficialmente la denominación de Belmonte de Gracián en homenaje a su vecino más universal, Baltasar Gracián y Morales, una de las grandes figuras del pensamiento y la literatura del Siglo de Oro.
Pero la historia de Belmonte se remonta mucho más atrás. Su término municipal forma parte del territorio vinculado a la antigua Segeda / Sekaisa, una de las ciudades celtibéricas más importantes de la Península y protagonista de uno de los episodios históricos más relevantes de la Antigüedad en el valle del Ebro. En el paraje del Durón se localizan vestigios asociados a este pasado remoto, testimonio de un poblamiento antiguo que hace de Belmonte de Gracián un lugar de enorme interés arqueológico e histórico.
Con el paso de los siglos, la población fue creciendo a la sombra de su antiguo castillo de origen musulmán, del que hoy pervive el recuerdo en la parte más elevada del núcleo urbano. Allí se sitúa la ermita de Nuestra Señora del Castillo, en un emplazamiento privilegiado desde el que se domina el caserío y el paisaje circundante. La disposición del pueblo en la ladera, adaptándose al terreno de forma natural, constituye una de las imágenes más bellas y características de Belmonte.
Uno de los rasgos más singulares del municipio es su estrecha relación con el aljez, el yeso que modela el entorno y que ha condicionado durante siglos la arquitectura, la forma de vida y la estética del lugar. Cuevas, pajares, bodegas, eras y antiguas construcciones excavadas o levantadas sobre este terreno configuran un paisaje sorprendente, de tonos blancos y grises, que otorga a Belmonte de Gracián una fisonomía única dentro de Aragón.
En el recorrido por el pueblo destaca especialmente la iglesia de San Miguel, joya del patrimonio local, con un magnífico ábside mudéjar y una torre de gran valor artístico. En su interior se conserva la pila bautismal en la que fue bautizado Baltasar Gracián en 1601, un elemento de enorme simbolismo que conecta de forma directa la historia universal de este escritor con sus raíces belmontinas
Belmonte cuenta además con otros espacios ligados a la devoción y a la tradición popular, como las ermitas de San Roque y San Martín, esta última situada a los pies de la Sierra Vicort, un entorno natural de gran belleza y muy vinculado a la vida del municipio. Las romerías y fiestas patronales siguen siendo hoy una parte esencial de la identidad local y de la memoria compartida de sus vecinos.
A todo ello se suma el valor cultural de haber sido cuna de Baltasar Gracián, una figura imprescindible del Barroco español, cuya huella sigue viva en la localidad. Belmonte de Gracián no es solo un pueblo con historia: es un lugar donde el pasado permanece presente en sus calles, en sus monumentos, en su paisaje y en su forma de mirar al futuro.
Belmonte se levanta a resguardo de un cerro escarpado “ bello monte” que dio nombre a la población. Denominado Belmonte a secas hasta 1910 y Belmonte de Calatayud desde 1920, finalmente en 1985, pasaría a llamarse Belmonte de Gracían, en homenaje a su ilustre hijo, del que adoptó el apellido, el jesuita, escritor y filósofo Baltasar Gracían y Morales
En cuanto a su origen hay que remontarse a la conocida ciudad de “Secaisa” y en ellas se sitúan los restos arqueológicos del yacimiento de la mítica ciudad celtíbera de Segeda. Aquí es donde el conde de Samitier descubrio los primeros restos de Segeda, que dio noticia de ellos a comienzo de siglo afirmando haber hallado unas habitaciones con buen numero de vasijas indígenas, muchas pintadas, de las que guardo parte. Schulten visitó el lugar en los años 30, haciendo coincidir esta visita con sus trabajos en la vecina Bilbilis. Segeda habría sido el inicial desencadenante de la segunda guerra celtibérica, testigo de la llegada del cónsul Nobilior, quien la destruyo, con el abandono de la ciudad por sus habitantes y vuelta a ser reocupada mas tarde. El yacimiento en la actualidad ofrece paulatinamente a la luz restos descubiertos por los trabajos agrícolas, algunos de los cuales se conservan en el Museo Municipal de Calatayud.
En el termino municipal actual se encuentra un yacimiento de regular extensión, “Durón” cercado de murallas de grandes sillares, siendo descubiertos a finales del siglo pasado la ceca Setica-Segisa apareciendo mosaicos, cerámicas y monedas, denarios con la leyenda Secaisa.
Su castillo musulmán del siglo X nos sigue hablando de su importancia a través de la historia, Labaña dejó constancia en 1610: “ Tiene un castillo y la mayor parte de las casas situadas sobre peñas de aljez” y en las crónicas aparece reseñas de que en el siglo XIV fue atacada por los castellanos, para su defensa acudieron los vecinos de Mara y Ruesca y finalmente fue tomada por los invasores en el año 1362, volviendo poco después la Coronade Aragón. Madoz, ya en el siglo XIX, se referiría tan sólo a las minas existentes sobre las peñas “obra de moros”.
El pueblo actual, cuyo casco urbano se encuentra situado al arrimo de un monte que en tiempos coronó el mencionado castillo musulmán, en cuyas ruinas ahora levanta la Iglesia de Nuestra Señora del Castillo.
Su trazado se extiende en la parte baja de la ladera, entre la carretera y sus dos iglesias; la ya menciona en honor de la Virgen del Castillo, la primitiva Parroquia que alza su cúpula en lo más alto del pueblo, y la de San Miguel, con un ábside de extraordinaria decoración mudéjar y una torre -también mudéjar- excelente por su decoración vidriada. En el interior del templo se conserva la pila bautismal en la que fue bautizado Baltasar Gracián en 1601.
Sobre esta iglesia y al pie del tajo que corona la otra están las viviendas, los corrales, las eras, las bodegas y los pajares abandonados: el reino del aljez, un paraje blanco y gris, onírico y perdido donde sólo hay yeso. Una verdadera ciudad, olvidada y ruinosa, que se labró en las rocas blandas de este material. Las calles se labraron en esta roca, la misma en la que se tallaron las eras escalonadas y se excavaron los habitáculos, aprovechando las piedras extraídas en la excavación para construir los muros. Un paseo por esta olvidada ciudad del aljez, su contemplación desde la lejanía, dando una imagen del conjunto, que completa la ofrecida por el recorrido entre las ruinas del poblado excavado en las rocas. Por el otro lado de la vega, mirando desde la carretera, la vertiente de Belmonte aparece como una colmena, con docenas de bocas oscuras en la ladera como si fuesen celdas de un panal.
Además de la citada ermita de Nuestra Señora del Castillo, existen otras dos dedicadas a San Roque (paraje donde se va en romería el 16 de agosto) y San Martín situada a las faldas de la Sierra Vicort.
Las fiestas mayores se celebran en honor de San Miguel (titular de la parroquia) en el último fin de semana del mes de septiembre.
También nacieron en Belmonte otros hijos ilustres como fueron los hermanos Franco de Villalba Diego Prudencio (1670/80 – 1740/60) escritor que destaca por sus importantes Tratados sobre los Fueros de Aragón, y Miguel menor también escritor y religioso
Situación
Belmonte de Gracián se encuentra en la provincia de Zaragoza, dentro de la Comarca Comunidad de Calatayud, en el valle del río Perejiles, afluente del Jalón. Su ubicación, a escasa distancia de Calatayud, lo convierte en un destino ideal para descubrir un entorno donde confluyen patrimonio histórico, paisaje rural y tradición. El término municipal incluye también la entidad de población de Viver de Vicort.
Datos de interés
- Comunidad Autónoma: Aragón
- Provincia: Zaragoza
- Comarca: Comunidad de Calatayud
- Código postal: 50332
- Superficie: 43,7 km²
- Entidad de población: Viver de Vicort
- Entorno natural destacado: Sierra Vicort
- Localización: a unos 12 km de Calatayud y 92 km de Zaragoza
- Alcalde: José Carlos Pérez Cubero
